jueves, 26 de noviembre de 2015

Jorge Luís Borges y el Ajedrez.

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-Hoy un poco de Poesía



 En su grave rincón, los jugadores 
 rigen las lentas piezas. El tablero 
 los demora hasta el alba en su severo 
 ámbito en que se odian dos colores. 

 Adentro irradian mágicos rigores 
 las formas: torre homérica, ligero 
 caballo, armada reina, rey postrero, 
 oblicuo alfil y peones agresores. 

 Cuando los jugadores se hayan ido, 
 cuando el tiempo los haya consumido, 
ciertamente no habrá cesado el rito. 

 En el Oriente se encendió esta guerra 
 cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra. 
 Como el otro, este juego es infinito. 

 II 

 Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada 
 reina, torre directa y peón ladino 
 sobre lo negro y blanco del camino 
 buscan y libran su batalla armada. 

 No saben que la mano señalada 
 del jugador gobierna su destino, 
 no saben que un rigor adamantino 
 sujeta su albedrío y su jornada. 

 También el jugador es prisionero
 (la sentencia es de Omar) de otro tablero 
 de negras noches y de blancos días. 

 Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 
 ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 
 de polvo y tiempo y sueño y agonía? 

Jorge Luís Borges

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